El caso Venezuela incrementa desafíos y riesgos entre China y E.U.A.
* El conflicto inevitable según Mearsheimer: China no puede seguir ascendiento pacificamente

El ascenso de China es, para el politólogo John Mearsheimer, el fenómeno geopolítico más decisivo del siglo XXI. En su obra La tragedia de la política de las grandes potencias, el teórico del realismo ofensivo plantea una pregunta crucial: ¿puede China ascender pacíficamente?
Su respuesta es tajante: no.
La lógica del sistema internacional, marcado por la anarquía y la competencia entre Estados, conduce inevitablemente a la confrontación.
Esa confrontación que pudiera tener diversos hechos violentos cobra más posibilidades con las recientes acciones de Estados Unidos en Venezuela. Por el momento, no existen posiciones contundentes de China al respecto, pero conforme transcurran los días y diversos acontecimientos podremos asistir al siguiente capítulo de esa pugna, que sigue intereses más extensos y profundos de geopolítica.
Así el estado de cosas, lo sucedido en Venezuela solo sería el epícentro de cnflictos mayores entre ambas potencias: la que va en declive (E.U.A) y la ascendente (China).
Mearsheimer sostiene que toda gran potencia en ascenso busca dominar su entorno inmediato. Así como Estados Unidos consolidó su hegemonía en el hemisferio occidental, China intentará convertirse en la potencia indiscutible de Asia. Esto implica desplazar la influencia estadounidense en la región, controlar rutas marítimas estratégicas y garantizar que sus vecinos —Japón, Corea del Sur, India, Vietnam— no puedan desafiar su supremacía.
El teórico advierte que Washington no aceptará pasivamente este cambio. Como única potencia hegemónica regional del mundo, Estados Unidos hará todo lo posible por contener a China.
Esto se traducirá en: Alianzas militares reforzadas con Japón, Corea del Sur, Australia e India. Presencia naval intensificada en el Mar de China Meridional y el Indo-Pacífico. Guerra tecnológica y económica, buscando limitar el acceso de Pekín a recursos estratégicos y mercados clave.
La “tragedia” que describe Mearsheimer radica en que ambos actores están atrapados en una dinámica estructural: China no puede dejar de expandirse si quiere garantizar su seguridad, y Estados Unidos no puede permitir que lo desplace. El resultado es un conflicto que no depende de las intenciones de los líderes, sino de la lógica misma del sistema internacional.
Europa: enfrentará presiones para alinearse con Washington, aunque sus intereses económicos con China sean enormes.
América Latina y África: se convertirán en escenarios de competencia por recursos y mercados.
Organismos internacionales: quedarán debilitados, incapaces de mediar entre dos gigantes que privilegian la fuerza sobre las normas.
El ascenso de China no es simplemente un desafío económico o tecnológico: es un choque estructural de poder. Según Mearsheimer, la política internacional está condenada a repetir su tragedia: cuando una potencia emergente busca hegemonía, la potencia establecida responde con contención. El resultado es un mundo más inestable, donde la rivalidad entre Pekín y Washington marcará el rumbo del siglo XXI.
